Con un soplo, mi mente vuela, el camino se vuelve lejano y ando, camino, vuelo... El destino ya no es tan claro, llego a una encrucijada y no existe otra opción más que tomar una decisión, el camino andado ya no podrá reandarse, extiendo las alas y la brisa me acaricia, no puedo negar lo que mi mente me exige observar. En el proceso normal de degradamiento, mi espíritu, llego al suelo, me estrello, por fin veo que fue una simple locura mi ignorancia.
Como ose siquiera atreverme a enfrentar con una sonrisa mi amargo destino, pagaré muy cara semejante afrenta.
"¡Ay mísero de mí, y ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así
qué delito cometí
contra vosotros naciendo"