lunes, 7 de octubre de 2013

El héroe vencido

Sentado en ese escritorio de madera volví a escribir esa carta, es realmente triste que lo que un día fueron promesas de amor, hoy sean contratos de esclavitud, compromisos de un alma vacía.
Esta, mi pluma, rasga el papel igual que sus acciones me imprimen el alma. Paso a paso, letra a letra, recito sobre el papel el juramento de servicio, de entrega, de devoción a la bota del amo, al látigo del ejecutor, a la cuchilla del verdugo. Uso la tinta negra de los sueños quemados al carbón, de las promesas molidas, de los deseos podridos. El hedor de la ciénega que ven mis ojos, me llena los plumones, arcadas del paso por venir. Lentamente lleno el papel, con las palabras que tanto me pesan en el alma,  palabras que fueron alas, son grilletes.
Esas caricias son marcas calientes en mi piel, fierros ardientes que marcan el ganado del pastor. Redacto con fría elegancia, la devoción a los latigazos mal ganados.
Su descaro tan natural, que una vez me hizo suspirar, no es mas que una bofetada a mi orgullo. Quien fuese un conquistador de castillos en la nube es nada más un jurado escribano a los pies de amo. Con insano placer se rinde, pues se sabe perdedor, despojo de humano del héroe que fallo en su odisea para conquistar la tierra prometida.
Termino de escribir, rindo con el juramento, sello con mis lagrimas y envió al remitente.

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