lunes, 6 de abril de 2015

Viendo la vida pasar

Sentado, yo, en la espera de verle llegar, se han sentado a mi lado incontable cantidad de personas: buenas, malas, buenas con malas intenciones, algunos dioses, otros muy humanos. En algún momento jugaba con todos, les dejaba entrar: algunos entraban con sus sucios zapatos y pisaban la flores, a eso se les pidió que se marcharán; otros entraban con la promesa de quedarse para siempre sin embargo con la primera lluvia huyeron; otros más se quedaron mucho tiempo, con la idea de cuidar el jardín, pero una noche se robaron mis preciadas gemas, usando un puñal y sin contemplación alguna le arrancaron los rubíes a la fuente del jardín; y los últimos, esos que se han quedado a jugar, que a veces lloran al ver una flor, que las rosas le han rasgado la mano al podarlas, que después los destrozos ayudan a volver a poner en orden todo. Te puedo jurar que no he podido contar cuantos han pasado, pero créeme que podría escribir una vida con los retazos de sus memorias.

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